Orden Tercera Franciscana

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Nace el Beaterio en el siglo XVI: 1548-1617

“Yn Dei nomine, amén. Sepan cuantos esta carta de testamento, última y prostímera voluntad vieren, como yo, Marina Sánchez, hija de Diego García del Miradero, vecina de esta villa, estando enferma de cuerpo y sana de la voluntad en toda misma memoria y entendimiento natural a la que Dios, Nuestro Señor, fue servido darme, creyendo firmemente como creo en el misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y uno solo Dios verdadero. Y en todo lo demás que tiene y creo y confiesa la Santa Madre Iglesia Romana. Y baxo esta fe y creencia que tengo confesada, profeso vivir y morir y si lo que Dios Nuestro Señor no quiere ni permita por persuasión del demonio o denuncia grave o en otra manera, ahora en otro cualquier tiempo alguno lo dijere o pensar contra lo que tengo dicho y confesado, quiero que no valga y para que me guíe en las cosas tocantes a este servicio de Dios Nuestro Señor, tomo por abogada a su gloriasa Madre, Nuestra Señora a la cual suplico interceda por mí y contra inmolación divina. Hago y ordeno mi testamento y última voluntad en la forma siguiente….

  imagesCAVVOTAXHablar en Montijo del actual Conventual del Santísimo Cristo del Pasmo es hablar de unos antecedentes que nos llevan hasta el siglo XVI como beaterio de la Orden Terciaria Franciscana, que pasará posteriormente a ser de la advocación de Nuestra Señora de los Remedios ya en el siglo XVII, para terminar advocándose definitivamente en el Convento de las Clarisas que conocemos hoy en día.

 Partiendo de que el franciscanismo se extendió por Extremadura con enorme facilidad y que abrazó rápidamente nuestra Comarca (véase el estudio titulado “El franciscanismo en la Baja Extremadura: Impacto del conventual del Loriana. Siglos XVI-XVII” de  Iglesias Aunión) muchas de nuestras localidades comenzaron a ser protagonistas en el nacimiento y fundación de conventos y en aquellas donde el número de habitantes era importante, las órdenes terceras también se fueron abriendo paso. Este es el caso de Montijo en el primer cuarto del siglo XVI.

En esta localidad  -como en muchas otras- adquirió fuerza el empuje de emprededoras mujeres que por su condición social no podían ingresas en los conventos, imposibilitadas de poder pagar las dotes o por los obstáculos propios de la familia, por lo que decidían enclaustrarse de una manera voluntaria en sus casas, tomando la regla franciscana como norma de vida. Así, pasaron a engrosar pare de la historia de nuestros pueblos con el nombre o apelativo de beatas.

Montijo contó en el siglo XVI con uno de estos beateríos de la orden franciscana el cual en aquellos momentos se advocó bajo el nombre de Nuestra Señora de los Remedios en el siglo XVII y hasta los años iniciales del XVIII en que se fundió para desaparecer como beaterío y nacer como tal convento del Santísimo Cristo del Pasmo. Pero ahora, antes de pasar a ser convento e incluso antes de ser beaterio de Nuestra Señora de los Remedios, es decir en el siglo XVI, el espíritu franciscano está representado históricamente en la familia de Beatriz Jiménezla cual, en el año 1548 decide trasladarse desde Montijo a Yelbes (Elbas) por lo que se despoja de media casa que poseía en la villa montijana. Para el procedimiento notarial, esta familia da poder a Juan Rodríguez (su padrastro) quien venderá dicha casa el 21 de febrero del año 1548 quedando todo el proceso refrendado ante el escribano portugués Arias Gómes.

 La casa fue comprada por las beatas Isabel Alonso, Catalina Entrerrey y Juana Gómez a las que podemos considerar como fundadoras del beaterio en Montijo que entonces quedaba situado en la calle Badajoz. A ello hemos de unir un segundo momento enormemente importante que hace entrar en escena a otra beata Marina Sánchez, la cual ni vivía en el beaterio ni tampoco formaba parte de la pequeña comunidad anteriormente mencionada. Un rico libro de mandas que forma parte del Archivo Histórico Parroquial de San Pedro Apóstol en Montijo, permite estudiar con detenimiento quién es Marina Sánchez y qué papel juega en todo esto ya que en dicho libro aparece su testamento el cual se inicia con el encabezamiento siguiente: “Marina Sánchez que es monja de esta villa…” testamento por el cual esta mujer legó todos sus bienes al betario de la orden tercera franciscana proprocionándoles tierras, una casa en la llamada calle del Miradero y cargas suficientes como para la fundación de uan Capellanía de la cual sería su primer capellán el clérigo Rodrigo Gragera y la administadora como beata mayor Inés Domínguez. Todo ello quedando jurídicamente amortizado es decir que dichos bienes no podían ser dividido, ni vendido, ni enajenado (capítulo a parte de que llegue el siglo XIX y las medidas desamortizadoras).3520_15_44e629d74b058

Marina Sánchez además, de forma muy inteligente, quedaba asegurada la continuidad de todo ello a un futuro y posible naciente convento (como así fue en el año 1704) al nombrar en dicho testamento que los bienes quedaran adminsitrados por una abadesa en caso de dicha erección. Bienes que fueron licenciados por García Zambrano alcalde mayor de Montijo en aquellos momentos, el padre Rodrigo Gragera y certficado por el escribano Francisco Sánchez de Mesa. Dicha casa a la que se trasladarían desde la que posían en la calle Badajoz, se situaba como hemos dicho en la llamada calle del Miradero actual calle de Santa Ana, llamada así en el siglo XVII por la existencia al final de ésta, que entonces era una de las salidas de la villa, la ermita del mismo nombre, Santa Ana de la que hoy solo nos queda el que fuera retablo mayor que se encuentra en la parroquia de San Pedro Apóstol. A partir de este momento y durante todo el siglo XVII hasta el momento de fundación del convento, la mejora material y espiritual acompoañó a una comunidad que no tardó en 1617 en levantar una iglesia advocada a Nuestra Señora de los Remedios.

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