Nuestro DIARIO a Santiago

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No se hace “el Camino”:

es “el Camino” quien nos hace

17 peregrinos de las comunidades parroquiales de Montijo

Artículo realizado por: Sheila, Ana, María, Laura, Guadalupe, Sofía, Alba, Carmen, Jesús, Concha, Iris, Rubén, Ester, Mariví, Lupe Fernández, Lupe del Viejo y Pablo.

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Un total de 59 peregrinos de las comunidades parroquiales de Nuestra Señora de La Canderlaria de la localidad de Fuente del Maestre y de las de San Gregorio Ostiense y San Pedro Apóstol de Montijo, han realizado como todos sabéis, el Camino de Santiago desde el pasado lunes 5 al miércoles 14 de agosto. Este es, la crónica de una de las experiencias -según nos testimonian- más impresionantes que puede vivir un cristiano y especialmente por aquellos que son más jóvenes (Toda la información del Camino de Santiago 2013, en la entrada “Hemeroteca”).

La experiencia de “hacer el Camino de Santiago” y poder plasmarla en un nota para un Blog es sumamente complicada por el cúmulo de sensaciones, todas ellas fuertes y muy gratas. Por ello, recurrimos -con vuestro permiso- a la redacción desde lo que podemos llamar “primera mano” aunque obviamente, en la firma de este artículo están los nombres de todos los peregrinos extensible a los hermanos de Fuente del Maestre.

La búsqueda del “abrazo al apóstol” de la mano de la Iglesia y a través de las parroquias implicadas en esta bella experiencia del Camino de Santiago ha pasado por diferentes etapas en sus casi 120 kilómetros realizados a pie (118,8 oficialmente¿?). Muchas horas para buscar la compañía del hermano, la mirada cómplice del que no conoces y te has encontrado con el mismo objetivo que tú; la ayuda sin límites y sin exigir nada más que un ratito de oración al amanecer cada día y antes de emprender la marcha para culminar con el encuentro con Cristo en la Eucaristía diaria que hemos podido celebrar.

Peregrinos no turistas

En casa dejamos la idea de turistas y en el autobús ocupamos desde el primer momento el asiento de “peregrinos”, calzados con las botas de la ilusión, dispuestos a realizar muchos kilómetros de fe. A ello le unimos otros objetivos como el de la cultura, mirar paisajes, conocer costumbres pero todo en un segundo plano: primero la fe que mueve al peregrino.

Comunidad que peregrina

Nadie, absolutamente nadie de los que hemos hecho el Camino, hemos podido dejar de lado una idea clara: peregrinamos porque somos Iglesia que camina y que busca al Señor y en ese caminar nos ha dado tiempo a cada uno de nosotros a aprender que debemos siempre actuar como grupo: no juzgar a nadie ni desde el interior ni desde palabra y siendo capaz de tomar la “tajada más pequeña” para dejarle al hermano lo mejor.

Peregrinar en austeridad

Son tantas las cosas diarias que no nos hacen falta. Hemos aprendido lo importante que son los detalles. Los peregrinos hemos preguntado al otro por aquello que necesita, qué necesidades se tienen…para que podamos dar y recibir, puesto que nos ha quedado claro una cosa: “aquello que no se da, se pierde”.

Peregrinar en silencio

¡Son tan importantes los momentos de silencio! Hemos logrado evadirnos del ruido de la ciudad, del bullicio de la vida, de los gritos y voces que a veces nos hace ir corriendo a todos lados. Y así, con el silencio del camino nos hemos encontrado con Cristo: en las oraciones, en las reflexiones de los temas, en el saber escuchar al otro y especialmente, en la Eucaristía con la Comunión diaria.

Peregrinar en servicio

Indudablemente era uno de los objetivos esenciales: darse a los demás en nombre de Cristo o como Cristo se dio a los demás desde el primer momento. Todos los peregrinos hemos sabido acoger al otro, y sentirnos parte de cada uno para que no existiera en ningún momento el “yo” y siempre fuéramos el “nosotros”.

Peregrinar entre dificultades

La dureza del camino nos ha hecho grandes desde lo más pequeño: heridas en los pies, ampollas, torceduras, tendones montados, dolores de espaldas a causa del peso de las mochilas, rozaduras, picaduras y un sin fin de dolencias superadas por la fe en abrazar al apóstol Santiago.

Peregrinar para renovarse

Y al final: ¿renovados? Indudablemente que sí. Renovados porque la fe es frescura y lo que nos ha movido en todo momento ha sido precisamente eso, la fe y la esperanza de que llegábamos a la meta marcada. Peregrinos renovados por el amor de Cristo.

La meta del peregrino

¿Santiago de Compostela? No, esa no es la meta. La meta del camino empezó tras abrazar al Santo: en el día a día que hemos comenzado ya en nuestras vidas (totalmente diferentes a antes de hacer el Camino), con nuestras familias, con nuestras parroquias, con nuestros amigos y con aquellos a los que no conocermos o a los que no deseamos acercanos.

Nueve días intensos y completos en los que hemos aprendido especialmente que aquello que no se da, se pierde. Por ello, venimos con el deseo de darnos a los demás, de entendernos con todos mediante ese lengueje que se llama Evangelio y que nos lo ha enseñado a hablar Cristo:

¡   B u e n    c a m i n o,    p e r e g r i n o   !

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