Hoja litúrgica domingo 3 de Cuaresma. Ciclo B. 2018

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La Cuaresma es un tiempo de conversión, un tiempo para retirar todo aquello que nos impida encontrarnos con Dios, a nosotros o a los demás.


Dios es lo más importante si no sería “dios”, con minúsculas. Lo sabemos, aunque no siempre lo vivimos, -de ahí la necesidad de una conversión constante-: nuestra felicidad se encuentra en seguir los mandamientos de Dios. Hoy nos los recuerdan en la primera lectura, del libro del Éxodo. (Cf. Ex 20,1-17)


Nosotros sabemos que nuestra felicidad, el sentido de nuestra vida, se encuentra en seguir a Jesucristo, a “Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados, judíos o griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (Cf. 1Co 1,23-24). Sin embargo no todo el mundo ha descubierto esto.


Cada persona sigue su propio camino de fe. Algunos, por haber nacido en una familia cristiana o por otros motivos hemos tenido la suerte de habernos encontrado con Jesús, de haberlo conocido, de poder escuchar su Palabra y comer su Cuerpo. Otros no han tenido la suerte de que se les anuncie el Evangelio, no han recibido un buen anuncio o le buscan por un camino equivocado a veces sin ni siquiera ser conscientes de ello. No han encontrado a Dios pero lo buscan.


El pasaje del evangelio de Marcos que se proclama este domingo nos muestra a Jesús en el templo de Jerusalén, enfadado, derribando las mesas de los cambistas y expulsando a los vendedores que allí había.


¿Por qué se enfada Jesús? ¿Porque se ofende a Dios? 


Para contestar a estas preguntas hay que conocer cómo era el templo de Jerusalén. En él había un espacio para los fieles judíos: sacerdotes, hombres y mujeres. Y también había un gran espacio, el atrio de los gentiles, al que podían acceder todas las personas, ya fueran judíos o gentiles, creyentes o no. En él había rabinos y maestros de la Ley dispuestos a escuchar las preguntas que se les hiciesen acerca de Dios, a entablar un diálogo sincero y misericordioso. De este modo muchos podrían conocer y amar a Dios.


En el atrio de los gentiles es donde se colocaban los cambistas y los vendedores de aves, corderos, terneros... ¡El atrio de los gentiles parecía más un mercado de ganados que un espacio para el encuentro y el diálogo!


Aquí está la clave del enfado de Jesús. Más allá de la falta de respeto por lo sagrado lo que molesta a Jesús es que se impida a los hombres conocer a Dios, acercarse a El, disfrutar de su amor misericordioso. Por eso derriba las mesas, espanta a los animales, expulsa a los mercaderes. Para que todo el mundo pueda acercarse a Dios.


Cabría preguntarse ahora ¿Hay algo en nuestro templos que impide a los hombres acercarse a Dios? Quien entra en nuestro templo ¿tiene conciencia de estar en un lugar sagrado? ¿Nuestros templos invitan a la oración?


Más aún. Sabemos que los cristianos somos templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en cada uno de nosotros. (Cf. 1Co 3,16). ¿Hay algo ti en que impida a los demás el encuentro con Dios que habita en tu ser?


La Cuaresma es el tiempo propicio para expulsar los mercaderes de nuestro interior, para que Dios sea el único Señor de nuestro corazón.


Pincha para descargar la hoja litúrgica


El atrio de los gentiles

En 2009 el Papa Benedicto XVI  viendo la necesidad de hablar de Dios a quien está alejado, despertando las preguntas que acercan a Él al menos como Desconocido» propuso la idea del atrio de los gentiles  con la finalidad de mantener despierta la búsqueda de Dios entre agnósticos y ateos, como “primer paso” hacia su evangelización.


“Pero considero importante sobre todo el hecho de que también las personas que se declaran agnósticas y ateas deben interesarnos a nosotros como creyentes. Cuando hablamos de una nueva evangelización, estas personas tal vez se asustan. No quieren verse a sí mismas como objeto de misión, ni renunciar a su libertad de pensamiento y de voluntad. Pero la cuestión sobre Dios sigue estando también en ellos, aunque no puedan creer en concreto que Dios se ocupa de nosotros. En París hablé de la búsqueda de Dios, como motivo fundamental del que nació el monacato occidental y, con él, la cultura occidental.

 

Como primer paso de la evangelización debemos tratar de mantener viva esta búsqueda; debemos preocuparnos de que el hombre no descarte la cuestión sobre Dios como cuestión esencial de su existencia; preocuparnos de que acepte esa cuestión y la nostalgia que en ella se esconde. Me vienen aquí a la mente las palabras que Jesús cita del profeta Isaías, es decir, que el templo debería ser una casa de oración para todos los pueblos (cf. Is 56, 7; Mc 11, 17). Él pensaba en el llamado “patio de los gentiles”, que desalojó de negocios ajenos a fin de que el lugar quedara libre para los gentiles que querían orar allí al único Dios, aunque no podían participar en el misterio, a cuyo servicio estaba dedicado el interior del templo. Lugar de oración para todos los pueblos: de este modo se pensaba en personas que conocen a Dios, por decirlo así, sólo de lejos; que no están satisfechos de sus dioses, ritos y mitos; que anhelan el Puro y el Grande, aunque Dios siga siendo para ellos el “Dios desconocido” (cf. Hch 17, 23). Debían poder rezar al Dios desconocido y, sin embargo, estar así en relación con el Dios verdadero, aun en medio de oscuridades de diversas clases.

 

Creo que la Iglesia debería abrir también hoy una especie de “patio de los gentiles” donde los hombres puedan entrar en contacto de alguna manera con Dios sin conocerlo y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio, a cuyo servicio está la vida interna de la Iglesia. Al diálogo con las religiones debe añadirse hoy sobre todo el diálogo con aquellos para quienes la religión es algo extraño, para quienes Dios es desconocido y que, a pesar de eso, no quisieran estar simplemente sin Dios, sino acercarse a él al menos como Desconocido”.

(Benedicto XVI, Discurso a la Curia romana, 21 diciembre 2009


A partir de esta idea-propuesta del Papa han surgido innumerables iniciativas. Una es la impulsada por el Pontificio Consejo de la Cultura.  Otra es la que que desarrollan los Dominicos.


Combinando encuentros físicos (conferencias, exposiciones, debates…) y un espacio virtual a través de una web específica, el Atrio de los Gentiles de los Dominicos organiza eventos en distintas ciudades del mundo con el fin de crear diálogo y abrir sendas diferentes para pensar acerca de temas importantes para la humanidad: la belleza, la ley, la trascendencia, la ciencia, el arte, etc..


Te invitamos a que visites el Atrio de los Gentiles del Pontificio Consejo de la Cultura y el Atrio de los Gentiles de los dominicos y que hagas todo lo posible para que Dios sea el único Señor de tu corazón.


¡Feliz y santa Cuaresma!


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