Hoja litúrgica domingo 28 Tiempo Ordinario ciclo A

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Como cada domingo Jesús nos invita a una fiesta y nos pide que para  asistir a ella nos vistamos  “de etiqueta”. ¿Vas a participar?


El pasaje del evangelio de san Mateo que se proclama este domingo nos narra una de las parábolas que Jesús utilizó para tratar de hacerse entender por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo: la parábola de los invitados a la boda.

Ya sabes, esa parábola que compara el reino de los cielos al banquete que un rey organiza para festejar la boda de su hijo; los invitados rechazan la invitación del rey por lo que este decide invitar a todo aquel que se encuentre por los caminos aunque expulsará a aquel que no acuda con traje de fiesta.


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¿Qué significado tiene esta parábola?

Cuando Jesús cuenta esta parábola nos está queriendo decir que Dios ofrece la salvación a todo el mundo. Todos hemos recibido la carta con la invitación a la boda y sin necesidad de tener que “pagar espiga”. ¡Vaya chollo!. Has recibido una invitación a una gran fiesta en la que  podrás comer, beber, bailar… pasarlo en grande con tus amigos y sin pagar un duro. ¿Quién se la querría perder?


Pues por raro que parezca hay quien no quiere asistir a esta fiesta e incluso se enfada al recibir la invitación. El banquete de bodas –la salvación- es para todo el mundo pero somos libres de rechazarla y hay quien lo hace… es el misterio de la libertad del hombre.


Solo hay una condición para participar en este gran banquete: hay que vestirse de fiesta, hay que llevar “traje de etiqueta”. Una vestimenta especial acorde con la dignidad del rey que nos invita. ¡Qué bien lo ha plasmado Fano en el dibujo que ilustra esta entrada!


Ya dijo Jesús a Pilato “Mi reino no es de este mundo” (Cf Jn18,36) y siendo esto así el traje de fiesta que nos pide no se parece mucho a lo que la sociedad actual está acostumbrada. Nada de lujos, ni de brillos ni de lentejuelas. Ni frac, ni esmoquin, ni traje de un modisto de moda.


Si te fijas en el dibujo el traje lleva una etiqueta con un corazón. Ese el verdadero traje de etiqueta, el que reviste al que lo lleva de generosidad, de bondad, de justicia… de la alegría de amar y de ser amado con un amor divino.


Puede parecer un poco difícil pero si nos fiamos de Dios y nos ponemos en sus manos podremos decir como san Pablo “todo lo puedo en Aquel que me conforta”.


¿Te apuntas?


 

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