El Santísimo Cristo del Pasmo

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Fotorgrafía de José Manuel Lavado

La imagen del Cristo antes y después de la restauración. (fotografía José Manuel Lavado)

Una magnífica talla de Juan de Juni en Montijo

El convento del Santísimo Cristo del Pasmo de Montijo cuenta con un crucificado obra de Juan de Juni que recientemente ha sido restaurado.


La comunidad de clarisas de Montijo ha afrontado la restauración de la imagen de Cristo crucificado de su capilla, obra de Juan de Juni, que se encontraba en muy mal estado. La restauración ha sido realizada por Dª Cristina Villar Bueno, licenciada en Bellas Artes y especialista en restauración, de la empresa “PATINA restauración de obras de arte”. De la memoria final  elaborada por la restauradora y que amablemente nos ha cedido la comunidad de clarisas -con el permiso de su autora- para su difusión a través de nuestra web destacamos lo siguiente:


Características de los crucificados de Juan de Juni

Todos ellos, salvo una excepción, presentan a Cristo muerto aunque parecen que acaban de expirar, sin que a sus cuerpos, desplomados, haya llegado la laxitud de la muerte. La cuidada policromía, a pulimento, subraya el efecto de la sangre de una manera natural, tiñendo en parte el paño de pureza, las más de las veces blanco con borde dorado y dispuesto generalmente de forma diagonal aunque su relevancia es diversa: en algunos casos muy ostensible y de gran barroquismo; más blando y desapercibido en otros. Todos los crucificados tienen los pies cruzados, traspasados con un único clavo, de dedos muy crispados en ocasiones; las extremidades inferiores, por su disposición de notable retorcimiento pueden parecer cortas muchas veces. Todos también tienen incorporada la corona de espinas, en la mayor parte de los casos muy integrada en el cabello.

 


El crucificado de Montijo

La concepción manierista ampara el tratamiento angustiado de los miembros de esta escultura. Su formidable anatomía está salpicada por la sangre que mana discretamente de las heridas de manos, cabeza, costado, y pies. Sus miembros comienzan a tomar una coloración verdosa, se aprecian las ataduras de manos y ligeros azotamientos. La cabeza, empotrada en su hombro derecho y aplastada sobre el pecho, tiene tallada la corona de espinas engrandeciendo las proporciones, mientras un rictus de serena placidez y aceptación del martirio envuelve la imagen. La tensión de sus brazos y el arqueamiento de sus miembros inferiores hacen imaginar el martirio de la pasión y muerte, la rigidez de sus dedos expresan la muerte. Los pequeños Crucifijos conservados en el Museo Nacional de Escultura y en el Diocesano de Valladolid aventuran la hipótesis de que podrían haber sido los bocetos para éste de Montijo. Sin embargo la extraordinaria imaginación de Juni consiguió que ninguno se repitiera introduciendo variantes tan numerosas que cada original acaba siendo diferente a los restantes. La cabeza de éste se parece notablemente a la del Ecce Homo del Museo Diocesano de Valladolid.

El paño de pureza se enrosca vertiginosamente en el cuerpo pero no logra evitar la idea de desnudez completa; es especialmente llamativo aparece desanudado, sosteniéndose caprichosamente por delante y volando libremente tras el costado derecho en un inverosímil equilibrio propio de la creatividad del escultor.

(Memoria final de la restauración del Cristo del Pasmo del Convento Santa Clara. Montijo. Badajoz; páginas 5 y 6)


Para saber más:

 

AVISO LEGAL:

Tanto la restauradora como la comunidad de clarisas han dado permiso para la difusión de este material a través de nuestra web. Para cualquier otro uso contactar con ellas.

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